
Elina Malamud
El propósito de esta nota es hacer evidente la existencia de un mundo distinto del que consideramos nuestro, del que gira alrededor de los que vinimos del Este, del otro lado del Océano … un mundo que se asienta sobre la misma tierra que todos pisamos, pero cuyas gentes, que hemos dado en llamar originarios o aborígenes, o indios o indígenas, constituyen las naciones preexistentes; ¿preexistentes por qué? porque ya eran los de aquí, los que aquí plantaban su maíz, su mandioca y sus frijoles, su jitomate y su papa y unos construían sus templos de piedra, observaban el andar de las constelaciones y remendaban sus acequias con la goma del caucho mientras otros cazaban sus tapires, pescaban y recolectaban con el permiso de sus dioses, todo a la sola velocidad que les permitían sus pies… cuando llegó la patota monoteísta y predadora de Cristóbal Colón.
Ellos nombran a los seres y las cosas con otras palabras forjadas en una historia paralela y moldearon su pensamiento con el aliento de dioses diferentes. Sus costumbres sociales y familiares se fundan en códigos mixtos, heredados de una Indoamérica milenaria y forzados por cruces y espadas durante quinientos años y piensan a sus antepasados y a los hijos de las generaciones que vendrán según cosmogonías impensables para la mayoría de los lectores de esta revista. Sus conceptos sobre qué es poseer y qué se puede intercambiar con otras personas o con otras comunidades se basan en normas inspiradas por otras lógicas del lucro y no entra en sus cabezas que la tierra que sustenta la vida sea un bien apropiable, comerciable o enajenable. Sus niños nunca aprendieron a jugar al patrón de la vereda hasta que Roca les enseño que su pradera, su bosque o su desierto podían tener un valor contante y sonante.
Entre ese concierto de naciones hemos elegido hablar del pueblo qom porque, en estos últimos meses, una de las comunidades que lo integran tomó la decisión de plantar en Buenos Aires el escenario de los conflictos que los desentendimientos culturales y legales -que vengo citando en esta página- les generaron, de manera que todos los que han vivido al margen de su existencia y de sus derechos tengan ante las narices a los que hasta ahora fueron invisibles.
Los Qom se llaman a sí mismos Qom, pero hasta ahora los conocíamos con el nombre más general de Toba que les fue dado por los guaraníes. Los Qom tenían la costumbre de raparse por arriba de la frente, de manera que los guaraníes, quizá de manera afrentosa, irónica o simplemente descriptiva los llamaron algo así como los Cara, ya que eso significa la palabra tobá en la lengua guaraní. Tal vez como si rebuscando en las posibilidades de nuestro castellano dijéramos los frentudos o los carotas. Los quechuas los ubicaron entre los salvajes, es probable que Diego de Almagro o el desgraciado Juan de Ayolas se hayan cruzado con alguno de ellos o los hayan divisado desde lejos.
Además del catarro, la viruela y la ansiedad de la acumulación capitalista, aquellos esbirros del pecado de ambición que se apoderaron del continente americano en el siglo XVI, compensaron con el aporte de ciertos bienes tangibles e intangibles que algunos consideran beneficiosos como la unidad de la lengua castellana o ese bello animal llamado caballo. Indemnizaran dichos bienes o no los males provocados, el caso es que ya en el siglo XVIII los chaqueños originarios, a pesar de los inconvenientes que les presentaba el monte que habitaban, adoptaron y adaptaron el caballo a su vida montuna y su etnia de jinetes altos y bien plantados extendió su dominio desde Tarija y el oeste salteño, a lo largo del Pilcomayo y el Bermejo hasta el río Paraguay, llegando hasta la misma Santa Fe y resistiendo reciamente la presión del hombre blanco sobre su vida, su libertad, su historia y su cultura. Hasta que al Chaco le llegó su hora de entrar en el proyecto nacional…
Y no quedará ni el vestigio de sus huesos
Para Marcelo Valko, psicólogo dedicado a la investigación antropológica y profesor fundador de la cátedra “Imaginario Étnico, Memoria y Resistencia” en la Carrera de Derechos Humanos de la Universidad de las Madres, la situación actual del pueblo qom no está muy lejos de lo que fue la conquista del desierto chaqueño. A diferencia de la campaña en la pampa y la Patagonia que terminó hacia el año 1886 la conquista del Chaco continuó durante bien entrado el siglo XX en matanzas que serán aleatorias, azarosas, un matar por matar matizado con el arte de coleccionar partes de personas y habrá masacres emblemáticas como la de 1924 en Napalpí y la de 1947 en Formosa perpetrada por el escuadrón 18 de gendarmería en Las Lomitas donde asesinaron a entre 800 y 1500 wichís y pilagás. En general se trató de una campaña de aniquilamiento y castigo, de muertes punitivas, golpes de exterminio porque los indígenas sobraban en el proyecto nacional. Los wichis, los pilagás, los qom sobran y, en su caso particular, la provincia de Formosa –que está ahora sobre el tapete por el conflicto con los Qom- tiene una ventaja para los señores feudales y una desventaja para los ciudadanos que es su lejanía con respecto a Buenos Aires. A Formosa la ley no llega. La ley es del señor feudal que maneja todo. Ninguna de estas matanzas ha sido investigada, nunca se determinaron culpables y lo más terrible es que fueron invisibilizadas. No existieron, no existen en la historiografía oficial.
Los Qom tienen esa contra –sigue diciendo Valko- y la mayor contra es la del gobernador Insfran que está hace 23 años dirigiendo de un modo férreo una provincia limítrofe una provincia por donde pasa mucho contrabando.”
Cuando empieza el cultivo del algodón –explica Valko- los Qom, como otras comunidades indígenas, van a ser trabajadores golondrinas, trabajadores estacionales que van a ir de pronto a la zafra del algodón o a la zafra de caña de azúcar del lado salteño o jujeño. La tragedia de Napalpí ocurre porque ellos querían mejorar sus condiciones laborales, que eran de una esclavitud tremenda. Simplemente pretendieron irse porque les ofrecían más paga -misérrima obviamente también- del lado salteño o jujeño. Los hacendados no lo podían permitir y le dijeron al gobernador Centeno ‘esto es inadmisible, nos vamos a quedar sin braseros,’ de manera que a estos ciudadanos argentinos les prohibieron el libre tránsito por el país. La situación se puso tensa y, como en un acto de amor desesperado en la peor de las telenovelas mexicanas, los poderosos decidieron: o nuestros o de nadie, y ratatatatá, los masacraron. Así se produjo la matanza de Napalpí.
“Maten a ese indio de mierda”
Ya hoy es de público conocimiento y ha sido noticia en todos los diarios el conflicto que involucra a los Qom de la comunidad La Primavera, al gobierno de la provincia de Formosa y al terrateniente Celía por unas tierras que se le quitaron a la comunidad para ser donadas a la universidad. Después de muchos reclamos infructuosos, presiones y amenazas del gobierno provincial, los miembros de la comunidad se instalaron en la ruta 86 que atraviesa la provincia de Formosa como manera de llamar la atención y hacer visible su protesta al país todo. El 23 de noviembre la firmeza de los hermanos qom en su reclamo fue arrasada por la policía con el saldo de tres muertos, las casas de la comunidad incendiadas en un acto de puro vandalismo de Estado provincial con especial dedicación a la incineración de los documentos de identidad. “Maten a ese indio de mierda” es la frase que resonaba en los oídos de Félix Díaz, el líder comunitario, y de los que fuimos a escuchar su primera conferencia de prensa en Buenos Aires, cuando contaba cómo se defendió con su honda al estilo del David de la Biblia y salvó su vida escondiéndose en el monte. Su Goliat no fue derrotado y todavía lo espera.
Si uno se detiene a pensar sobre lo que pasó en esa matanza de La Primavera -reflexiona Marcelo Valko- ¿de qué estámos hablando? Estamos hablando de una disputa por 600 hectáreas, tierras deforestadas, sin agua, pero son sus tierras. Amancio, uno de los Qom que están acá en el acampe –agrega Valko, refiriéndose a la plazoleta de 9 de julio y Avenida de Mayo donde la comunidad originaria formoseña ha asentado sus carpas a la espera de una entrevista con la presidenta - me dijo que su papá, que murió a los 108 años, una vez lo llevó a una parte del bosque y le dijo “mirá m’hijo, acá está enterrado mi papá, acá está el abuelo del abuelo, acá está mi tío, nosotros tenemos miles y millones de años”, que es una expresión muy linda, no es un desacierto, porque da a entender esa larguísima pertenencia a la tierra donde tienen enterrados a sus muertos, mirá si la tierra no les va a pertenecer.
Y el conflicto es por 600 Has. Y en esa disputa va la policía cometiendo una serie de irregularidades, porque es policía provincial en una ruta nacional donde no tiene jurisdicción y además dispara y mata gente. El cacique Félix Díaz se salva porque se defiende a hondazos, algo casi medieval o, más lejos aún, remite a la lucha de David y Goliat; es maravillosa esa lucha, y ahí la policía va a hacer algo terrible, no solo les va quemar las casas sino que va a hacer algo muy simbólico: les va a quemar los DNI y la libretas de enrolamiento. Marcelo Valko lo entiende como acto simbólico sin pensar que la policía siquiera supiera que su acción tenía una sustancia alegórica. Simplemente los querían perjudicar para que no pudieran cobrar planes sociales, para que no pudieran demostrar su identidad en el banco, para que tuvieran que empezar a gestionarlos nuevamente porque sin ellos no pueden cobrar nada no pueden gestionar nada no pueden hacer nada. O sea, son ciudadanos NN, lo más parecido a un invisible. Un invisible… justamente el concepto que Valko desmenuza ya hace muchos años en su cátedra de la Universidad de las Madres con respecto a nuestro imaginario indígena.
Amancio
Entonces me siento, a la orilla del acampe, junto al Amancio citado por Valko, uno de los abuelos qom que llevan su vigilia en Buenos Aires, para conversar sobre sus vivos y sus muertos en aquella tierra lejana y calenturienta de Formosa. Amancio me mira apenas, pone sus ojos en algún punto no lejano al otro lado de la plazoleta, sonríe y asiente y ya. Los autos que pasan por el centro de la 9 de julio nos soban la espalda y la bulla me hace temer por la fidelidad de mi antiguo grabador Panasonic, pero entre nosotros se hace el silencio. Si yo no me despojara de mi ansiedad de periodista porteña pensaría que mi pregunta inicial se perdió en la penumbra de la tarde que cae y que la charla terminó antes de comenzar. Miro las willpalas que ondean atadas a los faroles, me llegan algunos sonidos de los raperos que traen su espectáculo para apoyar la movida y espero. La voz de Amancio viene cargada de tierra y pasado, de la traza genética de aquellos cazadores pescadores recolectores que todavía siembran en el mismo terruño que por cientos y miles de años recorrió su estirpe. Antes vivían de la comida del campo, del avestruz, del yacaré, del pescado, de la miel silvestre, eso era la vida y hoy es diferente. Tiene 67 años, es de clase 43 y bastante ha trabajado en la agricultura porque la chacra era su vida y a nadie se le ocurría dejarla para trabajar de empleado de la provincia.
La chacra produce solamente para el consumo del hogar. Maíz para las gallinas, porotos, mandioca, batata, hortalizas. Gallinas y cerdos, ovejitas para sustentarse. En la casa nunca falta el trabajo diario y si la deja un tiempo, viene mañana y hay cosas que no están en condiciones. Ahora está todo un poco abandonado por los tiempos que corren. Alcanza para el consumo cuando cuidamos. Agua: sacamos del pozo. No hay un pozo en cada chacra. Hay un pozo para todos. Hay que ir temprano porque a veces se baja el agua y ya no hay. A la fuerza hay que ir al estero de Laguna Blanca y arreglárselas con el agua que se pueda recoger. La gente trabaja hasta el mediodía y después se van al estero a pescar, a cazar nutria, carpincho, pato… pero ahora el estero pasó a pertenecer al parque nacional y hay que pedir permiso siendo que era nuestra tierra. Y además vino la soja y el veneno de la soja envenena la tierra, el agua, los yuyos, las plantas, todo lo que no es soja, afecta la producción de la chacra y la miel silvestre que nosotros usamos. Desaparece la abeja porque no tiene la flor de donde obtiene el néctar.
Y esta vuelta nosotros nos levantamos a protestar para defender la tierra que estamos utilizando porque durante los últimos cincuenta o cien años se va cada vez más achicando la tierra. Antes eran diez mil hectáreas y ahora son cinco mil que ya no están completas. Antes nos trataban como a los pioneros y ahora somos intrusos rebeldes y haraganes. Son nuestros derechos y siempre actuamos desde ese lugar porque ese lugar es nuestro. No hay otra manera de decir. Gracias Amancio.
Al respecto del relato de Amancio vale la pena citar un párrafo de la ponencia que los investigadores María del Rosario Fernández y Rodolfo Raúl Hachén de la Universidad Nacional de Rosario presentaron en Bruselas en el V Congreso Europeo CEISAL de Latinoamericanistas de 2007:
“El hombre toba puede pescar o cazar, pero no depredar ni hacer sufrir intencionalmente a los animales. La mujer puede recolectar, pero no debe dañar las plantas ni juntar más de lo que necesita. En ambos casos se debe invocar al Dueño –una deidad de su cultura- de la especie correspondiente para justificar la necesidad de la acción y no despertar su ira. Esta es la base del equilibrio ecológico que pone en juego la comunidad toba y que implica una explotación muy racional de los recursos naturales en el marco de una sociedad no acumulativa y respetuosa de lo sagrado.”
Cristo no te abandona
Su economía es de mera subsistencia –sigue explicando el profesor Valko- no logran tener lo que el marxismo llamaría una mínima acumulación originaria de bienes o capital para estoquear algo. Una mala cosecha es catastrófica y obliga a la migración, a la que se resisten, pero la situación los obliga. También la familia crece y la parcela de tierra sigue siendo la misma, de manera que el grupo, sistemáticamente expulsa a las personas, que se van a trabajar a las zafras o se urbanizan en los cordones más apartados, los más humildes, los más pauperizados que rodean las grandes ciudades como Roque Sáenz Peña, Resistencia, Rosario o Buenos Aires y desde ahí recuerdan y anhelan aquella infancia marisqueando en el estero, aunque fuera penosa en varios aspectos.
Son gente a la que se le ha sacado todo, se les ha quitado su cosmovisión, se ha intentado quitarles el idioma, les han metido religiones forzadas y su tradición oral y sus religiones ancestrales se han mixturado en un sincretismo con el cristianismo evangélico y pentecostal. Los investigadores de la Universidad de Rosario a que hicimos referencia más arriba encuentran que “el fenómeno más notorio de la crisis y declinación de la vieja cultura toba (...) es sin duda la constitución de una nueva fórmula religiosa” influida por los criterios de piedad y salvación y en la que la cosmovisión y la práctica religiosa ancestral se amalgaman con el esquema teológico pentecostal. No parece arbitrario atribuir los lazos que los imbrican a “la concordancia de los patrones conceptuales tradicionales de los Toba con la insistencia pentecostal en la literalidad de las afirmaciones bíblicas acerca de los demonios y de las curaciones prodigiosas, en las profecías apocalípticas, en la intimidad de la experiencia sagrada, en el valor positivo asignado a la liberación de las emociones y constricciones corporales y el trance extático… “
¿Soja mata indio?
Más allá de estas imágenes con las que describimos un panorama somero del conflicto de la Nación Toba, ellos están realmente en riesgo de vida porque la gobernación los tiene totalmente fichados y necesitan seguridad para volver a Formosa. Por eso es tan importante que autoridades de primer nivel, no de sectores intermedios, intervengan y de alguna manera sean un respaldo ante el gobernador Insfran, les den garantías de que pueden volver a su provincia, a su territorio, a su casa, sin que peligre su integridad física.
Apenas queda lugar para incluir la larga y rica charla que mantuve con Valentín Suárez, miembro de la comunidad qom de Riacho de Oro en el departamento Patiño de la provincia de Formosa y con la doctora en antropología Florencia Tola. El trabajo histórico antropológico de Tola en la provincia consiste en hablar con los más ancianos, con los cazadores, con los recolectores, con los pescadores para revelar qué territorio antiguo todavía siguen utilizando para la caza, recolección y pesca, como lugares en donde obtienen los recursos de sus medicinas tradicionales, a donde los chamanes van a buscar poderes espirituales de conexión con los seres no humanos, donde hay cementerios o antepasados enterrados. Si uno hace una genealogía de los habitantes actuales –explica Florencia Tola- se da cuenta de que desde 1870, por lo menos, los aborígenes habitaban esa zona y hay huellas en el espacio. De esta manera las comunidades recibirán una información escrita de su historia, de la historia de los topónimos, para que, el día de mañana, cuando se haga el relevamiento territorial que manda la ley 16 160 a fin de delimitar la propiedad de las comunidades indígenas sobre sus tierras, ese material será una fuente imprescindible para informar a los técnicos que no solo la pequeña fracción de tierra en la que están viviendo y en la que tienen su chacra debe ser reconocida dentro de la titularización sino todo ese territorio ancestral que actualmente usan y que tradicionalmente ocuparon porque recordemos que los tobas, como la mayoría de los grupos chaqueños, eran cazadores recolectores nómades que utilizaban un gran territorio para su subsistencia.
Nosotros entendemos – agrega Valentín Suárez – que si se hace correctamente el relevamiento como dice la ley y para que las comunidades sean respetadas, no solo debe ser encarado teniendo en cuenta esas investigaciones sino que los representantes comunitarios intervinientes deben ser los elegidos por las asambleas de las propias comunidades –como lo fue Félix Díaz- y no nombrados dedocráticamente por las instituciones del Estado.
No quiero dejar de citar las palabras expresadas por Cristina Kirchner durante su estancia en Turquía en enero pasado, que resumen aspectos de un ideario común a los gobiernos de los países latinoamericanos que han iniciado, en la primera década del siglo, un camino nuevo, propio, independiente, audaz y despojado del peso de tradiciones estructurales opresivas e inciviles, cuando habló de “… una oportunidad para cambiar los modelos económicos tradicionales por un orden global diferente, más justo, más equitativo, más igualitario, para tener una verdadera paz y seguridad mundial” que no dudo es la vocación real del proyecto en el que avanza el país.
Paradójicamente una parte importante de nuestros desarrollos económicos se centran en la producción y exportación de commodities a gran escala que en su combinación de monocultivo, agrotóxicos, apropiación y utilización abusiva de recursos hídricos afecta el ambiente hasta el grado de amenazar el futuro del planeta. Los pueblos indígenas y los pequeños campesinos son los directos afectados no solo porque las fronteras agrarias y de producción hidrocarburífera y minera avanzan ilegalmente sobre sus territorios ancestrales sino porque la continuidad de su subsistencia está amenazada por la rapiña, la depredación, la desertificación, la contaminación. Si es necesario sacrificar sus vidas en aras de un paradigma económico tecnológico que nos provea de bienestar, cabe preguntarse a quién beneficia dicho paradigma y si hay argentinos de primera clase a quienes reditúa y compatriotas de segunda, los desheredados de siempre, los excluidos por todos los sistemas, los marginales de la historia que seguirán siendo aplastados por las topadoras del así llamado progreso. En todo caso los pueblos originarios deben exigir al Estado y a la sociedad la elaboración conjunta y consensuada de una propuesta común que recoja su historia y defina su lugar en el proyecto nacional.